Desde la cima de la cascada (Pont du Diable) hasta la confluencia de los ríos Cance y Cançon: una caída de 30 metros. El Cançon, que se precipita por las rocas, adopta aquí múltiples formas. Primero es un río que se cruza de pasarela en pasarela, luego es un estrecho cañón de aguas bravas. Luego está la cascada, cuyas espumosas aguas se recogen en una cuenca natural, invitando al visitante a soñar despierto. Y por último las cascadas, tras subir los gigantescos escalones y bordear el desfiladero, que vierten majestuosamente sus aguas en una cortina de encaje. Los cinco sentidos están a pleno rendimiento.

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